Antes de la Segunda Guerra Mundial, pocas mujeres se dedicaban a la ciencia, representando menos del 30% de los científicos e investigadores. Sin embargo, este panorama comenzó a transformarse con la llegada de la guerra.
Durante la guerra, las mujeres pusieron en práctica sus talentos en disciplinas científicas como matemáticas, física, química y biología a las que no accedían normalmente.
No obstante, sus éxitos cruciales durante la Segunda Guerra Mundial fueron consistentemente ignorados, subestimados y ocultos, con los hombres llevándose todos los méritos.
Por eso es importante destacar que también hay mujeres que han hecho importantes descubrimientos en el mundo de la ciencia. Aunque a menudo se ha pensado que son principalmente los hombres quienes han destacado en este campo, estas mujeres demostraron lo contrario al superar barreras y dedicar su vida a la investigación. A través de su valioso trabajo, lograron contribuir a avances tecnológicos significativos.
Lina Stern, experta en medicina militar.
Lina Solomónovna Stern, una bioquímica y fisiología, se enfocó en Medicina Bélica, salvando a muchos soldados. Combatió el tétanos, trató a soldados traumatizados y creó un medicamento para la meningitis tuberculosa, obteniendo el premio Stalin en 1943.
En 1878, Stern nació en Liepāja, una urbe perteneciente al antiguo Imperio ruso que ahora es parte de Letonia. Debido a las políticas antisemitas del zar, viajó a Alemania para estudiar y luego se recibió de médica en la Universidad de Ginebra. Su investigación se enfocó en estudiar la oxidación y la permeabilidad de la barrera hematoencefálica que separa los vasos sanguíneos del sistema nervioso central.
Después de enseñar Fisiología Química en la Universidad de Ginebra, mostró apoyo por la revolución soviética tras la Primera Guerra Mundial. Más tarde, fue la primera mujer en unirse a la Academia de Ciencias de la URSS en 1939. Durante la Segunda Guerra Mundial, se centró en la Medicina de Guerra y salvó a muchos soldados del tétanos. Sin embargo, debido a su fe judía y su apoyo al feminismo, fue arrestada y maltratada después de la guerra. Pasó tres años tras las rejas y logró evitar la pena de muerte siendo desterrada en cambio.
Lise Meitner, una científica injustamente no reconocida por su papel crucial en el descubrimiento de la fisión nuclear.
Lise Meitner nació en Viena en 1878 en una familia judía. A los 23 años ingresó a la Universidad de Viena gracias a leyes de igualdad prometidas por el Emperador Francisco José. Durante su doctorado en Berlín, conoció a Otto Hahn, un joven químico, con quien trabajó por tres décadas, investigando sobre el actinio y el protactinio. Meitner colaboró brevemente con Albert Einstein, siendo llamada por él «nuestra Marie Curie».
La política provocó un cambio total en su vida. Escapando de las leyes antisemitas en 1938, buscó seguridad en Estocolmo. Colaborando con Hahn, descubrió y detalló la teoría de la fisión nuclear en un artículo en Nature. Esta teoría se validó de inmediato y se destacó su capacidad como fuente de energía. A pesar de recibir una propuesta para unirse al Proyecto Manhattan en 1942, un esfuerzo internacional para crear una bomba atómica y derrotar a los nazis, ella declinó la oferta. Sin embargo, en 1944, Otto Hahn fue premiado con el Nobel de Química, a pesar de haber realizado el descubrimiento junto con su colega. No reconoció el esfuerzo de su compañera.
Hedy Lamarr, la multifacética actriz e ingeniera
Hedy Lamarr, la bella actriz precursora de la comunicación. Conocida como «la mujer más bella del mundo», la belleza también estaba en su intelecto. En plena Segunda Guerra Mundial, fue la precursora de una de las tecnologías de comunicación sin las que hoy no se entiende el mundo: el wifi.
Hedy Lamarr, además de ser una estrella de cine, diseñó un dispositivo para encontrar los torpedos desde muy lejos a través del uso de ondas de radio.
En 1914, nació Hedwig Eva Maria Kiesler en Viena. Teniendo una vida notable, estudió ingeniería, impresionó con su inteligencia y belleza, sufrió un matrimonio no querido con un esposo controlador que traficaba armas para Hitler y Mussolini, y escapó a Estados Unidos. Allí, se convirtió en una famosa celebridad de Hollywood en la época dorada, adoptando el nombre de Hedy Lamarr.
En las reuniones a las que asistía su esposo, Fritz Mandl, Hedy escuchaba sobre tecnología alemana. Una vez en Estados Unidos, decidió compartir lo aprendido con los aliados. Se unió al compositor George Antheil para crear una forma innovadora de detectar torpedos teledirigidos mediante ondas de radio basadas en un principio musical. A pesar de ofrecer la idea a Estados Unidos de forma gratuita, decidieron mantenerla en secreto. Este invento contribuyó al desarrollo eventual del wifi, el GPS y el bluetooth.
Estas tres mujeres científicas, con su determinación y brillantez, no solo cambiaron el curso de la Segunda Guerra Mundial, sino que también dejaron un legado perdurable en la ciencia. Su trabajo pionero sigue inspirando a futuras generaciones de científicas en todo el mundo.

