Es sorprendente cómo, en conversaciones recientes, al mencionar el síndrome del impostor, la respuesta común suele ser: «¡Yo también!». Este fenómeno parece ser una tendencia generalizada, especialmente entre mujeres, que enfrentan esta sensación de insuficiencia, exacerbada por el hecho de que siempre hay alguien dispuesto a aprovecharse de ello.
Por ejemplo, imagina una situación en la que se evalúa a dos candidatos para un proyecto importante. Mientras uno de ellos resalta con seguridad sus habilidades y logros, el otro, aunque igualmente calificado, minimiza sus propios logros y duda de su capacidad. En tales casos, es común que la primera persona, la más segura de sí misma, sea elegida para liderar el proyecto.
Muchas personas exitosas, con buenos trabajos y posiciones destacadas, sufren de la creencia de que su éxito se debe a la suerte y no a sus propios méritos. Esta perspectiva les lleva a gestionar sus carreras de forma cautelosa, evitando sobresalir, por temor a que los demás descubran que en realidad no merecen lo que tienen. Sin embargo, esta percepción de sí mismos como «impostores» no se ajusta a la realidad, pues han alcanzado sus logros a través de su propio esfuerzo y capacidades.
Las siete categorías del síndrome de la impostora
Los exhaustivos estudios de Valerie Young, la principal experta mundial en este campo, con miles de conferencias y libros publicados, han revelado cinco variedades del síndrome. Asimismo, las autoras de este nuevo libro han agregado dos tipos más, producto de sus propias investigaciones. En total, se han identificado siete tipos de este fenómeno.
- La perfeccionista
Aquellas personas con tendencias perfeccionistas se centran obsesivamente en cada pequeño detalle, considerando incluso un ínfimo error como un fracaso absoluto y motivo de vergüenza, a pesar de haber logrado un resultado sobresaliente. Además, suelen menospreciarse a sí mismas, atribuyendo sus éxitos no a su verdadera capacidad, sino al excesivo esfuerzo realizado. De este modo, cuando algo no sale a la perfección, se culpan por no haber trabajado lo suficiente, ignorando que la perfección es inalcanzable.
- La experta
«La experta es al conocimiento lo que la perfeccionista es a la calidad», sostiene Valerie Young. La experta se obliga a tener un dominio absoluto de cualquier tema antes de avanzar. Cadoche y Monarlot mencionan que la experta necesita tener «una visión completa y dominar a fondo cualquier materia» antes de arriesgarse. Agregan que esto «puede representar un obstáculo considerable antes de aspirar a un nuevo puesto de trabajo». En lugar de confiar en que adquirirá los conocimientos y habilidades restantes a medida que progrese, la experta prevé exhaustivamente todo lo que podría faltarle.
- La independiente
La mujer independiente se fija una meta y quiere llevarla a cabo por sí misma, sin ayuda de nadie. Piensa que tiene que comprender y lograr todo sin contar con otros. Solicitar asistencia se percibe como una señal de debilidad, algo de lo que avergonzarse. También subyace el miedo a ser ‘descubierta’ por un colaborador con quien se compartiría una tarea. Se trata de la típica persona que tiene enormes dificultades para delegar, de hecho, nunca lo hará.
- La superdotada
Para esta persona, el éxito se mide por la facilidad y rapidez con la que se domina un tema o habilidad. Tener que esforzarse para aprender algo nuevo se considera un fracaso vergonzoso. Según las autoras, esta mentalidad distorsionada hace que la persona evite enfrentarse a retos, pues espera que todo se le entregue en bandeja. No tiene la tenacidad necesaria para perseverar y, de hecho, debería saber de antemano lo que se supone que tiene que aprender.
- La superwoman
Esta clase de personas evalúa su valía según la cantidad de roles que logran desempeñar de manera excelente. Si no llegan a cumplir con uno solo de sus deberes -ya sea como madre, esposa, ama de casa, amiga o voluntaria- se consideran un fracaso, pues deberían poder asumir todos esos papeles. Tienen la necesidad imperiosa de destacar en cada una de las funciones que se auto-asignan, lo cual les genera una gran tensión y frustración, ya que es una meta prácticamente imposible de alcanzar.
- La entregada
Esa mujer muestra una devoción tan profunda que a veces llega al sacrificio y la victimización. Poner atención a sus propias necesidades pasa a un segundo plano, mientras que el temor a decepcionar se vuelve predominante. De este modo, al renunciar a sí misma, se oculta por completo y neutraliza su sensación de ser una impostora. Además, si recibe una constante aceptación de las personas a las que cuida, logra mantenerse a flote en la vida.
- La falsa confiada
Estas mujeres exhiben una confianza excesiva, con el objetivo de demostrar al mundo que pueden desempeñarse mejor que los demás. Alardean de todos los signos de éxito: trabajo, pareja, etc. Sin embargo, esta fachada oculta una profunda necesidad de aprobación externa, con la cual verifican constantemente que ‘encajan’, pero que a su vez refuerza la creencia de que, en realidad, ‘no merecen tal aprobación’.
Comprender el reto es el primer paso. Ponerle nombre a ese sentimiento es fundamental para poder enfrentarlo. Al igual que otros hábitos mentales que se forjan desde la infancia, el síndrome del impostor no se elimina con facilidad. Sin embargo, identificarlo cuando surge (algo sencillo si sabes reconocerlo) te brinda cierta perspectiva, lo que a su vez te otorga más control sobre ese problema.

